La prueba de la tesis Tal como lo propone Carlos Pereda, el argumento que justifica la tesis (en su prueba) consiste en una reducción al absurdo de los razonamientos de la antítesis mediante la recurrencia a dos principios: un principio de finitud y un principio de compleción 27. El principio de finitud elimina la posibilidad de un regreso al infinito en la explicación causal, es decir, toda serie causal tiene que concluir, tras una “serie finita de causas”, en una “causa primera”. Por su lado, el principio de compleción insiste en que la serie de causas sucesivas tiene que estar completa. Ambos principios se apoyan, a su vez, en el principio de razón suficiente. Podríamos resumir el argumento kantiano de la prueba de la tesis en la tercera antinomia de la siguiente manera: 1.
“Se supone que no hay otra causalidad que la que obedece a las leyes
de la naturaleza”. En la observación a la tesis de la tercera antinomia Kant nos dice que la idea de la “absoluta espontaneidad” constituye la “verdadera piedra de escándalo de la filosofía”, ya que genera “insuperables dificultades a la hora de admitir semejante causalidad incondicionada”29 (A 448 – B 476). Como dice Pereda, la dificultad, según Kant, no consiste en explicar cómo es posible la “causalidad incondicionada”, pues en este caso resulta igualmente enigmático cómo es posible la ley según naturaleza. La verdadera dificultad radica en cómo podemos aceptar esa “causalidad incondicionada”. “Tal vez esta dificultad surge a partir de la virtud procedimental de la coherencia en su dimensión externa o sistematicidad: mientras que la causalidad según leyes de la naturaleza está en continuidad con todo lo que <<naturalmente>> sabemos, una facultad de iniciar por sí misma una serie está en discontinuidad con todo lo que <<naturalmente>> sabemos”30 . De acuerdo con este mismo autor, Kant intenta superar esta dificultad por medio de dos argumentos: un argumento de analogía y otro de autoridad. En el argumento por analogía el análogo sería esta “causalidad incondicionada” que se da por demostrada, en tanto que es indispensable para hacer inteligible un origen del mundo. Por su lado, el analogado es la libertad humana. Una vez que se ha admitido una libertad trascendental capaz de iniciar una serie causal por sí misma en el tiempo “podemos admitir igualmente que distintas series comiencen por sí mismas en el curso del mundo conforme a la causalidad y atribuir a las sustancias de estas series el poder de actuar por libertad”31 (A 450 – B 478). Ahora bien, Kant distingue entre un “comienzo temporal” y un “comienzo causal” de las series. “Por el primero se entiende simplemente un primer evento, o un evento no precedido por otro evento, y por el último se entiende la institución de una nueve serie causal, o serie que no guarda ninguna conexión causal con una situación antecedente”32 . A la libertad humana le correspondería este último, mientras que a la libertad trascendental le correspondería el primero. Finalmente, en lo que respecta a la observación de la tesis, el argumento de autoridad de Kant consiste en señalar simplemente que “todos los filósofos de la antigüedad (a excepción de la escuela epicúrea) se vieron obligados a asumir, a la hora de explicar el mundo, un primer motor, es decir, una causa que operara libremente y que iniciara por sí misma esa serie de estados”33 (A 451 – B 479).
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