La prueba de la antítesis

Por su parte, la prueba de la antítesis de la tercera antinomia tiene que ver con la génesis de una acción y con la posibilidad o imposibilidad de la libertad34 . La primera cuestión se centra en el análisis del estado precedente de la acción y del primer comienzo dinámico de la misma. La segunda, por su lado, muestra la contradicción entre las leyes de la naturaleza y el principio de libertad. Podemos resumir el argumento de esta prueba en los siguientes pasos:

1. Se supone que hay una libertad trascendental, es decir, “una facultad capaz de iniciar un estado y, consiguientemente, una serie de consecuencias del mismo”.
2. De esto se sigue que la serie de causas tiene su comienzo absoluto, o primer comienzo, en esta causa espontánea, la cual, por su parte, debe comenzar también absolutamente en sí misma, pues, en tanto libertad trascendental, no hay nada previo que la pueda determinar según leyes fijas.
3. Ahora bien, “todo comienzo de acción supone un estado anterior propio de la causa que todavía no actúa”. Pero esto no se sigue del supuesto de una causa espontánea que inicia absolutamente en sí misma.
4. “Así, pues, la libertad se opone a la ley de causalidad”. La libertad, así tomada, viola las consideraciones de la unidad de la experiencia que se basan en relaciones causales.
5. Por consiguiente, no puede haber libertad trascendental. Ésta es sólo un producto mental que no se halla en ninguna experiencia.

La observación a la antítesis de la tercera antinomia se dedica a atacar el argumento de analogía de la tesis en dos momentos35 . En primera instancia, pone en duda la posibilidad del análogo. “¿Quién os ha mandado idear un estado del mundo que sea absolutamente primero y, por tanto, un comienzo absoluto de la serie fenoménica que va desarrollándose progresivamente? ¿Quién os ha mandado poner límites a la ilimitada naturaleza para suministrar un punto de reposo a vuestra imaginación?”36 (A 449 –B 477) Por otro lado, el segundo momento del argumento establece que aun suponiendo la existencia de la libertad trascendental, es decir, del análogo, la presentación del analogado transgrede las reglas válidas de una buena analogía. Si bien se puede suponer, dice Kant, que hay una facultad trascendental de libertad, ésta sólo puede hallarse fuera del mundo. “Pero nunca puede permitirse que semejante facultad sea atribuida a las sustancias del mundo mismo, ya que entonces desaparecería en su mayor parte la interdependencia de los fenómenos que se determinan necesariamente unos a otros según leyes universales”37 (A 451 – B 479).