Espectroscopía
astronómica
Mediante técnicas espectroscópicas es posible conocer la
composición química, la temperatura y el movimiento de estrellas
y galaxias. Estos cuerpos están emitiendo constantemente energía
en forma de ondas de luz visible, infrarroja, ultravioleta y, con frecuencia,
ondas de radio y rayos X. Esta energía viaja a través del
espacio y nos trae gran cantidad de información sobre la constitución
de tales cuerpos. Al fraccionar esta luz en sus colores constituyentes
se obtiene un espectro y es estudiando estos espectros que los astrónomos
han podido hacer sus descubrimientos más importantes.
El espectro más familiar es el arco iris, espectáculo que
se produce cuando la luz del Sol rebota dentro de cada una de millones
de gotas de lluvia y en el proceso es fraccionada en sus colores constituyentes.
El
dispositivo más elemental para dispersar la luz es un prisma triangular
de vidrio, cuya acción es más familiar, pero en aparatos
científicos se emplea más comúnmente una rejilla
de difracción. El instrumento completo para este trabajo se llama
espectrógrafo o espectrómetro.
Isaac Newton fue el primero en entender
que los colores producidos cuando la luz blanca pasa a través de
un prisma son una propiedad de la luz misma, y no consecuencia de algo
producido por el vidrio. La secuencia va de manera continua del violeta
al rojo, pasando por el azul, verde, amarillo y anaranjado. La combinación
de estos colores da como resultado luz blanca. La luz del Sol está
compuesta de luz de todos estos colores, aunque predominando la luz amarilla
(el color de luz que nuestros ojos detectan mejor).
A
cada color le corresponde diferente longitud de onda. La longitud de onda
de la luz visible es aproximadamente la mitad de una micra.
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