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La variación y el azar ![]() Darwin usaba la expresión"variación al azar" reconociendo que ese azar significaba ignorancia; tenía muy claro, sin embargo, que la naturaleza de la variación es un elemento crucial en el proceso evolutivo En términos generales se acepta que la transformación de las especies resulta de la acumulación lenta y gradual de “variación aleatoria”. Darwin usaba en sus escritos la idea de variación azarosa o accidental (Darwin, 1859, 1868 y 1862); los biólogos modernos utilizan la idea de variación aleatoria o variación al azar. Darwin indicaba que decir variación accidental era incorrecto, porque en la generación de las variaciones hay causas involucradas. Por ello, usaba el término en dos sentidos diferentes: como ignorancia y como posibilidad probabilística; ésta última bajo la consideración de que la variación podía en algún ambiente determinado tener un valor adaptativo. En este sentido, tanto para Darwin como para los biólogos modernos, el azar queda restringido al universo de la variación, y ésta queda subordinada, a su vez, al proceso de la selección natural, un proceso que en el fondo es factible de convertirse en regularidades matemáticas. Darwin insistía en las diferencias entre estos dos tipos de accidentalidad (Darwin, 1868, pp. 430-432); una que no era tal porque había causas que producían la variación, y la otra referida al papel de la variación en la adaptación. Para explicar esa diferencia usaba la “metáfora del constructor”, la cual sugería en términos generales lo siguiente: supóngase que pedimos a un constructor que construya un edificio usando piedras, colectadas en el lecho de un río, de diversas formas: redondas, planas ovoides, etcétera. La forma de las piedras no es accidental. Su forma resulta de muchos eventos físicos: la naturaleza de la roca, el tiempo de arrastre, la fuerza de los golpeos durante el arrastre, etcétera. Pero el lugar, de acuerdo a su forma, en que se coloca cada una de esas rocas dentro del edificio que se construye, será accidental (Darwin 1868, pp. 430-432), es decir, no hay ninguna conexión causal entre la producción y la utilidad de las rocas. De la misma manera, afirmaba Darwin, las variaciones se generan por diversas causas, pero el papel que juega la variación en el diseño adaptativo es accidental, porque no hay relación entre la producción de las variaciones y su papel en la adaptación, la cual es determinada por la selección natural. De esta manera, Darwin subordina el papel de la variación, y en consecuencia el papel del azar, a la direccionalidad de la selección natural. La biología moderna ha rescatado, en esencia, esta misma combinación de azar probabilístico (variación aleatoria) y necesidad (selección natural). Esa es una interpretación, en términos generales, sistematizada por Jaques Monod en 1971. Desde esta perspectiva darwinista, se tiene que
aclarar que en el proceso evolutivo hay tres elementos importantes
que considerar cuando se hace la explicación evolutiva: la variación,
la selección natural y el azar o las contingencias que se pueden ubicar
a nivel molecular en cuanto a la posibilidad de que una variación
sea o no adaptativa, y las contingencias ambientales. En ese sentido
“variación al azar o aleatoria” es un término mal utilizado, pues
no remite a que una variación pueda tener propiedades adaptativas
o no, por el contrario es una idea que remite a que el azar es una
causa de variación. Estos son dos aspectos profundamente diferentes.
En esta situación, por un lado se pone un adjetivo a un concepto que
no lo necesita, y por el otro, se hace la personificación de un proceso.
Bastaría con explicar que en el proceso evolutivo están involucrados
tres elementos: dos conjuntos de eventos causales (los que producen
variación y los que determinan su papel adaptativo), y un tercer elemento
que denominamos azar, o el encuentro casual o accidental de los dos
conjuntos causales mencionados. En otras palabras, la producción de
variación se da en un universo de relaciones mecanicistas, relaciones
de causa-efecto. Las condiciones ambientales, identificadas como las
presiones de selección, también responden a una mecánica de relaciones
causa-efecto. Sin embargo, a pesar de que los dos componentes esenciales
de la evolución son procesos mecanicistas, la evolución es un proceso histórico, es decir, resultado de las contingencias en la interacción entre esos dos componentes. Bajo esta lógica, una variación es adaptativa sólo en cierto contexto ambiental y es precisamente esa coincidencia entre el contexto ambiental y la variación lo que no está sujeto a una causalidad mecanicista, sino a una eventualidad histórica, que podemos identificar como contingencia o azar.
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