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Sobre la actividad de los demonios
¿Qué
es un demonio? Sin duda esta es la primera pregunta que surge al enfrentarnos
a un texto que pretende dar cuenta de su actividad. Para contestar
esta pregunta podemos traer a colación la clasificación por la que
el propio Psellos intenta dar cuenta del folklore de la turba endemoniada
que asola las almas de los hombres.
Según Psellos, los demonios habitan la parte inferior del cielo, la que esta
por debajo de la esfera luna,13
ya que como afirma Psellos "todos los demonios fueron expulsados de las
regiones lunares como un profano de un lugar sagrado".14 Así
pues, Psellos afirma que existen seis clases de demonios en este mundo sublunar.
El primero es el ígneo, el
cual se mueve por el aire que está encima de nosotros; el segundo, también
anda por el aire y le llaman aéreo; el tercero es terrestre; el cuarto
es el
acuático y marino; el quinto el subterráneo y el sexto,
finalmente, es el llamado lucífugo. De las especies citadas, la acuática
ahoga a los que van por las aguas; la subterránea y la lucífuga se introducen
en las entrañas y producen asfixia, epilepsia e incluso demencia en los hombres;
pero los aéreos y terrestres son los más temibles y astutos de todos, ya que
buscan y engañan disimuladamente las mentes de los hombres, produciéndoles
inusitados y crueles sufrimientos.15
Todas estas clases de demonios, comenta Psellos, odian a Dios y al hombre,
ya que envidian la figura con que este último ha sido honrado, de tal suerte
que nada los satisface más como ver caer a éste en desvarío.16
Ahora bien, aunque esta caracterización es muy alusiva,
poco le dice a un lector moderno sobre el significado de la actividad
de los demonios que Psellos está intentando describir en su tratado.
Tal vez una caracterización dada por el mismo Psellos de la influencia
que dicha actividad ejerce sobre el alma humana nos ayude a comprender
mejor la naturaleza de la misma: los demonios –dice Psellos– "nos producen
múltiples males sugiriéndonos deseos, mostrándonos formas, agitando
el recuerdo de placeres y pasiones, estemos despiertos o dormidos".17 Ante esta descripción cabe preguntarnos: ¿somos acaso conscientes de
todos nuestros actos, nuestras decisiones y deseos? Más aún, ¿somos
señores absolutos de ellas en el momento en que acaecen? Desde la perspectiva
de la demonología medieval de la que es obra principal este tratado,
no siempre somos dueños de nuestras acciones y pasiones, incluso no
siempre son nuestras.
Un demonio, en efecto, es una entidad espiritual
que introduce ensoñaciones, pasiones, temores o deseos en nuestra alma.
"¿Pero cómo y por medio de qué pueden hacer esto?", pregunta
Timeo a Tracio, interlocutores del diálogo en la obra de Psellos, a
lo cual responde el último: "se acercan a nuestro espíritu imaginativo
y, espíritus como son también ellos, nos susurran palabras sobre sensaciones
y placeres, no con voces estridentes ni ruidosas, sino instiladas por
ellos sin ruido alguno".18 Timeo
argumenta que es imposible que puedan emitir palabras sin sonido alguno,
a lo cual responde Tracio que no necesitan hacerlo, pues actúan directamente
sobre el espíritu, dice Tracio: "cuando el que habla esta
muy lejos del que oye, precisa gritos muy fuertes; si está a su lado,
le basta susurrar en su oído, y si de algún modo se le pudiera introducir
en el espíritu del alma, no necesitaría ningún sonido, sino que la
palabra que quisiera llegaría al destinatario por una vía silenciosa".19
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