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La vida intelectual sin Octavio Paz: su ejemplo y herencia

¿Qué tanto ha cambiado la vida intelectual en nuestro país desde la muerte de Octavio Paz? Más allá de saber si sus ideas estéticas han trascendido o no, o si sus obras son vigentes, es su actitud ante ciertos acontecimientos históricos lo que para Jorge Hernández es necesario destacar.

Hace 40 años Octavio participó en una acontecimiento de una manera muy determinante en la que amanecimos todos un 2 de octubre, incluyéndome a mi que tenía 6 años de edad. Yo me enteré que hubo un embajador, yo no sabía que era Octavio Paz, que renunció a la embajada en protesta por lo que había sucedido en Tlatelolco. Lo supe porque mi padre era diplomático y eso fue asunto de sobremesa que todos los amigos de mi papá comentaban, y fue un escándalo. A cuarenta años de distancia, por ejemplo, se hablaba de la gente, ahora decimos sociedad civil; se hablaba de las garantías individuales, se ponían pancartas, ahora decimos derechos humanos; no se podía hablar mal de presidente, del sistema del partido. El país a cambiado muchísimo y en muchas de esas cosas favorables participó Octavio Paz y otros intelectuales que a través de la palabra contribuyeron a abrir espacios. Muchos de ellos se enfrentaron directamente con el autoritarismo, la falta de libertades, la represión, no estoy comparando los escenarios porque no son comparables, pero lo que si está claro es que Octavio se fue en un momento en el que a lo mejor él vislumbró los bemoles de tanto cambio. Todavía alcanzó a vivir el alzamiento del ejercito zapatista. Llegó incluso a comentar a opinar sobre las cartas la del subcomadante Marcos y elogió su retórica. También le tocó vivir elecciones libres.

Octavio dejó varias herencias ejemplares, digamos como funcionario es ejemplo de que si es necesario renunciar se renuncia. Hace un mes la sociedad civil, el padre de un niño muerto, pidió a los funcionarios públicos: “si no pueden, renuncien”, yo te aseguro que el 90% sabe que debería renunciar y no lo hace, en ese sentido: qué pasó con la herencia, qué pasó con el ejemplo que nos dejaron personas honradas, honestas, íntegras. Ahora bien, Octavio también tuvo gran sentido de la ética a realizar su labor intelectual: si él hablaba de un libro era porque lo había leído; si opinaba sobre una película al menos, la había visto, y si hablaba de un país o un levantamiento en Chechenia o un problema étnico en Yugoslavia, estaba más o menos enterado de qué iba la cosa. Yo lo que noto en la podredumbre en la que nadamos, es que estamos rodeados de muchas personas que hablan de libros que no han leído, opinan de películas que no han visto. Sobre todo, estamos pontificando el concierto de la realidad a partir de corazonadas o de la muy mala guía en la que hemos caído, como pensar que un hombre disfrazado de payaso, que da las noticias, es un experto en política o que una chica, que fue conductora de un programa reality show y anuncia cremas en la tele para damas, es una experta en economía, digo, estamos jodidos, en ese sentido.

Más que ser vigente, para Jorge Hernández la obra de Paz es un medio muy valioso para entender nuestra historia, lo que es ser mexicano en el presente y lo que fue en el pasado.

La vigencia del pensamiento tiene una responsabilidad tácita, depende del lector, es decir para poder decir si el pensamiento de Octavio Paz sigue teniendo vigencia, si sus libros siguen iluminando aspectos de la vida mexicana, si El laberinto de la soledad sigue explicando muchos de los recovecos de este desmadre en el que vivimos, depende de cómo lo leas, y en primer lugar depende de que lo leamos. Yo creo que la mayoría de sus ensayos, precisamente porque fueron pensados a prueba de caducidad, tienen aun hoy una vigencia inmediata. Octavio Paz sigue siendo un interlocutor muy valioso para tratar de entender el sistema político mexicano, el gran problema que tenemos geográficamente al ser el único país con posibilidades de desarrollarse en muchos aspectos: economía, futbol, canto, baile, teatro; que tiene frontera con la primera potencia del mundo nada menos y Octavio eso lo sabía, lo pensó, su generación lo vivió. Él es también un muy útil conversador, todavía el día de hoy y yo creo que por muchos decenios para entender el gran laberinto de nuestro pasado. Yo creo que un buen interlocutor de la historia es Octavio Paz a través de su obra, y repito, lo lamentable es que no esté vivo para poder tener una opinión fresca de las circunstancias actuales, eso sería muy provechoso. Jorge Hernández también escribe, ha publicado varios cuentos, poemas, libros y se considera un poeta

Le pregunto si piensa que es importante la influencia, el ejemplo de Octavio Paz, en todos aquellos que actualmente de dedican a la escritura. Sobre todo me interesa saber qué sucede en su propia labor como escritor.

En primer lugar, yo creo que sí es muy importante, aunque no sea algo que nos limite, pero lo que tienen de grande los grandes es que te quedan de ejemplo. Cualquiera que se proponga ahora escribir un ensayo, tiene que tener mucho cuidado si lo quiere publicar, sabiendo que antes de nosotros escribió Alfonso Reyes, escribió Octavio Paz. Por eso, a veces, aquí cuando yo creo que ya cuajé un párrafo, y que me siento el rey del mundo, me basta voltear y ver a cualquier de esos (señala pared tapizada de fotos) y entonces aplico el delete y reescribo, pulo y trato de mejorar. Yo no soy poeta, y quisiera serlo, pero me consta que los poetas, aunque son libres de expresarse ahora en formas que antiguamente no se usaban (ahora lo puedes hacer a través incluso de una imagen, montas un video en YouTube, haces un performance, cualquier objeto lo puedes integrar a tu lírica, aunque no se limita uno) tienen el escalafón de decir: momento, en este mundo circuló un hombre que escribió Piedra de Sol, entonces, la vigencia literaria está presente. Y también, algo que no se ha mencionado mucho, pero Octavio era un gran reseñista. Te voy a poner un ejemplo: la reseña que hace Octavio de Dos crímenes, de Jorge Ibargüengoitia, donde alaba y precisa lo bien hecha que está esa novela, fue algo que sin duda ayudó a que Ibargüengoitia creciera como escritor, a que su obra se vendiera y se reconociera que no era simplemente un “ingenierito chistoso”, sino un autor con toda la barba y con sentido del humor. Mucha gente no reconoce que Octavio hacía esa labor pensándose como promotor de la literatura. Eso lo digo porque hoy abundan muchas reseñas en las que a mi me da la impresión que el reseñista ni leyó el libro, a lo mejor la cuarta de forros, le echó un ojo al índice, a quizá el autor es su amigo y por eso lo recomienda, o a lo mejor es su enemigo y entonces te dice: “no lo leas”. Octavio no era de esos.

 

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